
Saltapurapara cualquier información dirigirse a: erw10@hotmail.com
(Erwin Kintupil) |
Se muestran los artículos pertenecientes a Diciembre de 2007. Reflexiones de otro tiempo a propósito de la muerteAntes, las tumbas eran más hermosas. La mayoría tenía un enrejado que rodea la tumba. Mi papá y otros hombres de su generación construyeron muchas, por encargo. No todos los hombres se dedicaban a hacerla, ya fuera por que carecían de las herramientas necesarias para ese trabajo o por que no tenían habilidades. Ahora yo pienso que estos hombres eran artistas sin saberlo. De pequeño admiré las formas que adquirió la madera entre sus manos. Otras personas también hicieron comentarios felices e interrogadores respecto de sus obras. Eso fue en el día de los muertos o en los preparativos para ese día o cuando llegó un nuevo habitante al cementerio o simplemente porque salía en la conversación. El color que es importante, me parece fue siempre secundario. Antiguamente no se disponía de pinturas; pero, la mayor parte de las rejas llevaban pintura blanca, también variedades de azul y el negro en pintura o alquitrán. Los demás colores tienen poca presencia; es posible encontrar tonalidades de verde, amarillo, rojo o anaranjado. Los “ce mamvj” existieron en Saltapura, como en todas partes; pero, no alcancé a verlos. Mi tía Dominga me contó que cuando ella era pequeña el cementerio no tenía cerco y que no había rejas ni cruces. Sólo había ce mamvj. En ese tiempo, creo, las gentes aún eran sepultadas en un tronco ahuecado, en un wampo. Cuando yo fui niño vi sepultar a mucha gente en ataúdes que se hacían allá mismo. Mi tío Pablo construyó muchos, de tablas cepilladas, que los mismos deudos proveían. Esa fue la década del 60 en que también comenzaron a verse ataúdes comprados en la ciudad. Bueno, a mí me parece así, tal vez en los cincuenta o más antes se compraron ataúdes. Nadie me ha contado acerca de eso. Los que yo vi llegar al cementerio de Saltapura eran impresionantes: tan negros y brillantes, con manillas de metal plateado y una imagen sobre la tapa que se abría como una ventana para mirar el rostro del fallecido o fallecida. Ahora me pregunto como habrá de ser el ataúd en que a mí me sepulten. Eso si mi cuerpo queda a disposición de los que quiero y que me sobrevivan, por que si muero como la hija del escritor Délano, nunca me habrán de hallar. O si me muero como los del terremoto en Turquía o como los desaparecidos de la dictadura o como la abuela que cayó al río Imperial hace dos meses atrás y aún no es hallada y creo que ya no la buscan: En ese caso, mi ataúd será la naturaleza misma, espero. (agosto de 1999) Se nos fue la más antigua![]() Con algo más de 90 años dejó la vida Dominga Quintupill Lienleo, hermana del logko Pablo, tía del que escribe y abuela de Fernando y Lino Raguileo. La noticia avanzó rápido en la noche del miércoles 19. La acompañé hasta que dejó de respirar me dijo Lino días después, ya en el velorio. Mucha gente llegó a hacer compañía. Como es natural, en estos casos, muchos animales se fueron también. El entierro fue el sábado. Agotador día aquel en que hay que partir con una breve ceremonia para sacar el ataúd desde la casa y llevarlo al espacio abierto. Los de Saltapura a un costado de la fallecida, los de Hueychahue en el otro. Cargaron a la tía sus familiares hombres más cercanos y en el sitio abierto de la era fue dejado por toda esa mañana. A su alrededor nos fuimos ubicando los participantes. El vecino Cata (Juan Painen); el presidente (Juan Paillafil); el tío Marcelino Quintupill, aunque viviendo en Hueychahue, por ser su hermano; mi hermana Flor Raguileo y yo, en representación de nuestros padres fallecidos, mi hermano José Raguileo, mi prima Margarita Raguileo; los dueños de casa, Claudina y Herman Raguileo; las primas Benedicta y Teresa Licanleo; mi hermana Miriam Raguileo y la tía Marta Quintupill. Con un sol abrasador, cerca de las 3 ó 4 de la tarde fue el zugutun que bien hablaron el logko Pablo Quintupill, por Hueychahue y Martiliano Lincoleo por Saltapura. Hermoso discurso en medio de la tristeza de los más directos. Tranquila despedida, con recogimiento y sin perder la alegría. La muerte es compañera de la vida, siempre está presente y sólo mortifica cuando se lleva a los nuevos o a los de edad mediana. Cuando se muere de edad avanzada y sin mortificaciones es más la tranquilidad que nos abraza. El Segundo Trawun de las Artes y la Interculturalidad![]() La organización de este Encuentro es gigantesca comparada con la de nuestro primer Mingako Cultural, en el invierno pasado, y principalmente sostenido en el esfuerzo de Erwin Nettig, integrante de Fusión Andina, un grupo musical que no pudimos conocer, pues se presentaron durante el primer día. Arribamos a Osorno en día 7 de diciembre. Nos fue a recoger la siempre cariñosa Jacqueline Lagos, que colaboraba con la organización. El lugar de alojamiento fue el Albergue de un enorme campo deportivo, dependiente del municipio. Hermoso lugar, en una ciudad que parece surgida espontáneamente entre el verde sureño, que en esta época es más intenso. Las esculturas de Lino Raguileo fueron bien acogidas y un muchacho de Santiago, amablemente le hizo un espacio en su stand para exponerlas. Junto al Gimnasio Pedro Aguirre Cerda estaba la exposición de artesanías, pinturas, comidas, orfebrería, recuerdos, tejidos, esculturas, música, hierbas medicinales y más. Compartimos una interesante charla sobre cosmovisión andina, abordada desde los instrumentos musicales. Apreciamos la magnífica actuación de “Ariki Rapa Nui”, un ballet de cuidadosa presencia escénica y también la actuación de la Orquesta Infantil de un colegio local. Fabulosa actuación la de los niños/as. Impresiona la cantidad y variedad de instrumentos sobre el escenario. Agradable constatar la disciplina del Ballet “Magia Chilena” de Temuco. Además actuaron “Soronka La Tribu”, “Antu kay Mawen” ¿o Antv egu mawvh?, “Andes” y un solista del que no recuerdo su nombre, con mucha aceptación de parte del público. Los poetas tuvimos nuestro momento en la noche final. Subimos al escenario Lucía Orellana (Valdivia), Jacqueline Lagos (Osorno), Fernando Raguileo y Erwin Quintupill (Saltapura). Alternando nuestras lecturas y llegado el final, vino la sorpresa de los libros. Jacqueline había gestionado con Libro Libre Chile la donación de libros para implementar la biblioteca comunitaria de Saltapura. Lástima que nuestro logko y nuestro presidente no nos hayan acompañado como fue nuestra intención primera. Al final, los agradecimientos particularmente a Erwin Nettig, Jacqueline Lagos y Marisol de la organización, al peñi, logko de Quintrilpe por su conversación, a los demás artistas por el compañerismo, a los chicos del pingpong, a los de la cocina, etc. Nos quedaron debiendo, eso sí, el distintivo (un tokikura de madera); pero, después de tanta buena atención, a pesar de los problemas de organización, no nos queda más que reírnos de gusto. En la foto, el momento en que me entreganlibros para Saltapura |