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(Erwin Kintupil) |
Se muestran los artículos pertenecientes a Noviembre de 2008. ![]() Aún, en la actualidad, los muertos son enterrados con algunas pertenencias. También es común que algunos reciban botellas con vino o chicha que quedan allí para su beneficio. Hay niños a los que les dejan alguna fruta o alguna golosina.
Como siempre, el día llega a su fin y lentamente los asistentes se van retirando, alegres y un poco mareados. En el cementerio quedan los adornos, los regalos, el aroma del vino, un poco de basura y el cariño de los que algún día habrán de llegar para quedarse. ![]() Mi tía Dominga Quintupill, fallecida el año pasado a los 94 años, me contó que cuando ella era niña el cementerio no tenía cerco y que había puros hombres de palo (cemamvj). En ese tiempo no había cruces.
Debió ser por los años 50, cuando se construyeron los primeros "mausoleos". En los 60, cuando yo fui niño, se vi cómo construían algunos de ellos: una armazón de material sólido que era pintado invariablemente de color blanco. Muerto con mausoleo, además de un cariño al fallecido/a, era - también - demostración de cierto bienestar económico. En ese tiempo era común que a los muertos les hicieran una reja de madera. Las tablas eran de pellín y los pocos hombres que se dedicaban a ese trabajo las cortaban con sierra de vuelta. De ese modo lograban hermosas formas que recuerdan al sol, aves y otras figuras. Invariablemente, las tablas que formaban la reja y los esquineros tenían la forma de un rombo en la parte superior, que recuerda a los cemamvj. Las cruces, la mayoría, también llevaban (y llevan) ese detalle. ![]() Recuerdo que en los años 60 todos llegaban en carreta. Mamá y papá se levantaban temprano y habiendo atendido a los animales, después del desayuno, comenzaban a cargar la carreta. Se llevaba de todo, pues pasaríamos el día completo en ese lugar: ollas, mesas, platos y servicio, vasos y botellas, chuicas o barrilitos, tortillas de rescoldo, leña y agua.
A medida que la gente llegaba iba tomando ubicación junto al camino, a unos 50 metros de la entrada al cementerio. Había allí un ancho cerco de picapica[1]. Las carretas se alineaban separadas sólo por el fogón. Los hombres iban en caballo. Las mujeres preparaban la comida: cazuela y asado. Los hombres y los niños íbamos al interior del cementerio a dejar las flores. Cuando el almuerzo estaba encaminado, las mujeres entraban al cementerio. En ese momento, los niños nos quedábamos al cuidado del fuego y de nuestras cosas. Las yuntas de bueyes pastaban por los alrededores.
Al mediodía, todo el mundo almorzaba. La comida se compartía y se brindaba. Las horas iban pasando y la conversación animada no terminaba. A veces, se escuchaba a alguien que cantaba. Otro/a dejaba caer unas lágrimas al recordar al familiar fallecido. Por la tarde, sólo unos pocos iban de nuevo a dar una vuelta por el interior; los demás permanecían en torno a las carretas conversando y bebiendo, hasta que se acercaba la noche. En ese momento se salía en busca de los bueyes y se cargaba la carreta. Se iniciaba el regreso: mareados y contentos de haberse encontrado con la enorme familia que poseemos. ![]() Lo principal ocurre en el interior. Allí cada quien espera ser visitado en el lugar en que yacen sus parientes más cercanos. Poco después hará cada quien lo mismo que los demás: saldrá a recorrer y a saludar, a compartir la conversación y a brindarse vino tinto o chicha de manzana, la que se bebe en honor a los visitados. Hay recuerdos y risas. Alegría por encontrarse con el/la pariente que hace mucho no se ve. También están los primerizos, los que se fueron en el año que se va. Hay consuelo y resignación. Los niños juegan y los perros husmean ignorantes de todo. Las tumbas se van impregnando con el penetrante aroma del vino derramado. ![]() Ignoramos cómo se introdujo esta celebración. Suponemos que fue por influencia de la iglesia católica; sin embargo, nosotros lo hacemos a nuestra manera. Por la mañana, llegan unos pocos; pues la mayoría prefiere hacerlo por la tarde. Como nosotros vivimos muy cerca, nos vamos por la mañana a dejar las flores y a compartir con los pocos asistentes de esa hora. Después nos vamos a almorzar y regresamos pronto.
En la actualidad, muchos llegan en vehículos motorizados. Sólo unos pocos siguen usando la carreta o el caballo. Acampan al lado afuera y allí comparten la comida, el mate y algo de vino o chicha de manzana. ![]() En esta entrega el personaje de Saltapura somos todos: los que estuvimos y los que no pudieron llegar. Es el día en que visitamos a nuestros muertos/as.
A principios de octubre se inician habitualmente los trabajos de limpieza del cementerio: se rozan los arbustos que han crecido, se corta el pasto, se quita la basura. A las tumbas se les quita el pasto y algunas son pintadas. Día antes del 1º de noviembre, mucha gente viaja al pueblo para comprar los materiales con que agasajarán a los que partieron. |